Amor por la tierra y el cemento. Parte 1

 

Algunas de las ocas de Feliciano Bañuls, en formación.

Algunas de las ocas de Feliciano Bañuls, en formación.

Feliciano Bañuls vive en Pego (Marina Alta, Alicante), muy cerca del Marjal de Pego-Oliva, rodeado de naranjos y ocas.

Para él, lo sostenible es más que una moda pasajera: es una necesidad. Sus ocas nunca serán plato de la comida del domingo. Sus cabras no serán carne de puchero. Ni los patos. Ni las palomas.

El peaje que pagan los animales por vivir con alimento y refugio, es la materia orgánica que expulsan sin proponérselo. Una bendición para una tierra inerte, tras décadas de ingentes cantidades de fertilizantes.

Feliciano disfruta viendo la fauna vivir en libertad, justo en el límite donde alguien en el ayuntamiento, trazó una línea que separaba lo urbanizable de lo rústico. Y como si tuviera un pie a cada lado de la línea, Feliciano también puso su granito de arena. Y de cemento.

En aquellos tiempos en que la gente reformaba sus viviendas, Feliciano y su padre, entre otras labores, reconstruían suelos de baldosa hidráulica.

Baldosas que, desde mediados del siglo XIX, decoraban las viviendas del sur de Europa. Mosaicos con un diseño a menudo influenciado por el modernismo: formas orgánicas inspiradas en la naturaleza, o bien geométricas, a modo de dameros o panales.

Una moda que requirió una red de pequeñas industrias dedicadas a su fabricación. Cada temporada, las fábricas lanzaban diseños propios, cada vez más complejos, que las distinguían de la competencia.

Caben combinaciones infinitas en cada pieza de 20 x 20 (la más común), en cuanto a formas y colores. Las formas vienen dadas por el molde metálico donde se vierten los morteros de cemento y mármol pigmentados. Estos moldes, fabricados en bronce y latón, se llaman trepas, y a su vez fueron fabricados por artesanos expertos en este arte.  Así, cada color corresponde a una mezcla de pigmento y cemento distinta, vertida en cada forma de la trepa.

Baldosa hidráulica terminada, y trepa utilizada para su fabricación.

Baldosa hidráulica terminada, y trepa utilizada para su fabricación.

Feliciano y su padre, tuvieron que reconstruir suelos con baldosas encargadas a la carta, que a menudo llegaban de Marruecos, y no siempre con los presumibles criterios de calidad.

En ocasiones, acertar con una trepa que tenga el mismo dibujo que el suelo a completar, es una lotería. Pero dar con el color exacto del cemento tras el uso, es un trabajo que merece dedicación, tiempo y cariño. Difícil en una industria que produce baldosas como churros, generalmente en otros países donde los derechos de los trabajadores no se desprecian como aquí, porque no existen.

Las palabras en azul, son enlaces.

Continuará.

3 pensamientos en “Amor por la tierra y el cemento. Parte 1

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