El oasis secreto del Jardín de l’Albarda

Jardín de l'Albarda. Estanque en la zona de "jardín formal".
Jardín de l’Albarda. Estanque en la zona de «jardín formal».

Es extraño, que un lugar como el Jardín de l’Albarda, después de 30 años de su creación, sea uno de esos secretos desvelados para impresionar a los amigos que nos visitan. Desde luego, que sea aún desconocido para la mayoría de los visitantes y habitantes de la Marina Alta, no se debe a la intención de su promotor, Enrique Montoliu.

El Jardín de l’Albarda (Pedreguer, Alicante) está formado por 50.000 metros cuadrados al pie del Montgó, la mágica montaña que separa Dénia de Xàbia. La fundación Fundem (Fundación Enrique Montoliu) es la propietaria del parque, y tiene como objeto social promover la jardinería sostenible, proteger y conservar especies autóctonas, así como el uso y disfrute común del espacio

El ingeniero químico y empresario Enrique Montoliu, creó este jardín en 1990 a partir de un terreno con algunos pinos y bancales abandonados con naranjos y limoneros. Hoy, en el recinto viven unas 700 especies autóctonas adaptadas a un reducido consumo de agua, en perfecta sintonía con el vecino Parque Natural del Macizo del Montgó. Sintonía, que no sólo se refiere a un acuerdo de colaboración entre Fundem y el patronato del mencionado parque natural; también se produce un intercambio espontáneo de fauna y flora silvestre entre ambos espacios.

Existen varios –nunca suficientes– ejemplos en el mundo, de personas con recursos –no solo magnates– que compran tierras con el único fin de mantenerlas a salvo de la especulación, y destrucción por parte de empresas y gobiernos. El fotógrafo Sebastião Salgado es un ejemplo en Brasil. En España, parece que el ecologismo se percibe como un asunto de gente con el pelo largo que protesta por todo, más bien alejado del capital y la filantropía. Aunque cada vez menos.

Para construir este vergel, Montoliu invirtió todo su patrimonio, y buscó el asesoramiento tanto de paisajistas locales que trabajaban con especies autóctonas –Juanjo Todolí entre ellos–, como de expertos de la Universidad de Valencia.  

Podría considerarse el Bomarzo de la comarca, pero en lugar de impactantes esculturas, encontraremos especies vegetales únicas, con la ayuda de un guía, si no estamos familiarizados con la botánica. Sólo falta que este lugar se incorpore en las localizaciones de alguna novela de éxito, como hizo en su día Mujica Lainez con el hoy masificado parque de Viterbo.

“Esto no me lo podía guardar para mi solo”

Esta frase resume el motivo por el cual Enrique Montoliu decide abrir al público las puertas del jardín, transformándose en un raro –por lo escaso– mecenas de lo natural, y tratando de implicar en el proyecto al mayor número de personas, a través de la fundación Fundem.

Además de las actividades relacionadas con educación ambiental, fruto de acuerdo con distintas universidades y otras instituciones de enseñanza, el mantenimiento del jardín también se financia con la venta de entradas a visitantes, y con la venta de entradas para asistir a conciertos musicales, que tienen lugar en el recinto, según programa.
Esta iniciativa es bastante común en países como Reino Unido, donde gracias a la aportación individual, este tipo de jardines –y otros espacios de interés– se mantienen y crecen en especies. Seis millones de británicos financian la National Trust con unos 70€ al año por socio. 

Un proyecto que no termina en la Albarda

Marjal de Almenara (Castellón), Villacañas (Toledo), Benimantell, (Alicante) son otros espacios sin protección estatal, adquiridos por Fundem, quien compra y cede la gestión a custodios de territorio (grupos ecologistas locales), con la idea de recuperar estos parajes abandonados, a menudo convertidos en vertederos, implicando a administraciones, centros educativos y población.

Si quieres saber cuáles son las condiciones y deducciones fiscales por ser socio de Fundem, este es el enlace. La deducción en el impuesto de la renta, hace que las donaciones, en la práctica, tengan un coste irrisorio para el socio.

El jardín

Alrededor del jardín renacentista con especies autóctonas, se dispone un bosque, con fauna asociada, que limpia el jardín de plagas, e integra el paisaje del Montgó en el recinto.

Entre los elementos del jardín (fuentes, estanques, caminos, rosaledas, pozas, rocalla, templete…), el umbráculo es el más llamativo. Era una construcción habitual en el jardín renacentista mediterráneo, que proporciona sombra y humedad a las plantas que tradicionalmente se traían de otras latitudes, y no aguantaban el sol directo y las altas temperaturas.

La Albarda cuenta con especies muy interesantes, como los helechos acuáticos que provienen de la vegetación subtropical valenciana.

Te recomendamos la lectura de este texto de Edith Haeuser, ciudadana suiza que descubrió el jardín en 2005 y, como se deduce de lo detallado de su descripción, no ha dejado de visitarlo asiduamente.

Estamos preparando una muy breve visita virtual, que esperamos empuje a muchos a cambiar un rato de playa por esta visita.

Al final de las fotos, encontrarás la dirección y enlaces a documentales. Feliz verano.

Jardín de l'Albarda. Detalle de escultura.
Jardín de l’Albarda. Detalle de escultura.
Jardín de l'Albarda Umbráculo
Jardín de l’Albarda. Umbráculo.
Jardín de l'Albarda Edificio Principal
Jardín de l’Albarda. Edificio principal.
Jardín de l'Albarda. mosaico del jardín valenciano
Jardín de l’Albarda. mosaico del jardín valenciano

Dirección: Jardín de l’Albarda.

Urbanización Muntanya de La Sella, Carrer Baix Vinalopò, 8, 03750 Pedreguer. Denia, Alicante. Teléfono 96 352 30 99.

Enlaces a reportajes en RTVE:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-escarabajo-verde/escarabajo-verde-custodia-verde/5470669/

https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventura-del-saber-jardin-lalbarda/4757791/

En esta entrevista a Montoliu, descubrirás, entre otras cosas, de dónde viene el nombre de Albarda:

https://valenciacity.es/entrevistas/es-una-pena-que-la-filantropia-en-nuestro-pais-sea-casi-inexistente/

Menos mal que nos queda Portugal

Hace unas semanas, le comentamos a un buen amigo de Dénia, que nos habíamos adentrado a explorar el municipio de Vall de Ebo. Echamos de menos un poco de espacio abierto en nuestra vivienda de la trastienda del local, y acudimos a la cita con la propietaria de una casita en venta, en el centro de la localidad. “Aquello es lo que ahora llaman la España despoblada, nos dijo nuestro amigo. Nos desilusionó un poco; imaginábamos incluso el traslado de la tienda-taller a este valle, a un paso de la costa para nosotros, y con el atractivo turístico para senderistas del Barranc del Infern. Donde el río Girona aún se llama Ebo, y no tiene nada que ver con una pestilente cloaca, como los ayuntamientos de Dénia y Els Poblets, permiten que sea el río en su desembocadura. Con el anterior cambio de gobierno local y autonómico, se ha demostrado que el color del partido no afecta a la desidia y falta de interés.

Vall de Laguart y Barranc del Infern.

Vall de Laguart y Barranc del Infern.

Despoblación

La realidad, es que la montaña separa este valle –Vall de Laguart– de la próspera zona litoral. Solo una carretera sin arcén, con sus correspondientes revueltas y puerto, une el municipio de Vall d’Ebo con Pego. Quizá, por ese motivo, la zona sea una joya sin descubrir por el turismo de donut hinchable. Abuelos en la plaza, flores en los balcones, y algún que otro negocio relacionado con el turismo rural –no sabemos si ha habido quejas por el trino de los pájaros a primera hora de la mañana–, turismo que no parece que sea una locomotora que acabe con la despoblación. A solo veinte minutos de la costa.

Envidia

Da la sensación de que, tras lo más acusado de una crisis que aún está lejos de terminar para muchos españoles, Portugal nos ha sobrepasado en muchos aspectos. Como ejemplo una noticia reciente sobre Idanha, comarca en decadencia que pasó de 33.000 habitantes a 8.000. En 2014 cerró la última escuela, con tres niños. Reabrió en 2016 con veinte niños. ¿Cómo?

Apostar por el futuro pensando en las próximas elecciones

“Quiero que España sea la California de Europa”, «Dejemos de mirar al Valle de los Caídos y miremos al Silicon Valley»… unas de tantas frases o consignas disparadas recientemente en campaña electoral, por el candidato a la presidencia del gobierno Pablo Casado, del Partido Popular. Alcaldes presuntamente pacifistas, como Kichi en Cádiz, que defienden la venta de armamento –fragatas– a regímenes tan respetuosos con los derechos humanos como Arabia Saudí, con el fin de proteger el empleo que proporciona Navantia, astilleros ruinosos subvencionados con el dinero de todos los españoles, y que se resisten a la reconversión, a cambio de miles de votos. Pero la estrella de las apuestas en gran parte de España, siempre ha sido el ladrillo y el turismo: en este enlace verás cómo tratamos a los inmigrantes que vienen en primera clase y medio millón de euros para comprar casa.

Apostar por el futuro pensando en las próximas décadas

Retomamos el caso de la comarca portuguesa de Idanha. ¿Cómo pasaron de tener la escuela cerrada a reabrir con 20 niños? Apostando por el futuro, es decir, por los niños. Abrieron una guardería con cuatro niños, recogen nenes de pedanías a 35 kilómetros a la redonda, y ya son catorce críos. Esta facilidad es un factor fundamental para atraer familias con madres en busca de empleo.

Sembrar hoy, para cosechar mañana

Monsanto es el nombre de una multinacional norteamericana, centrada en el monopolio de los cultivos transgénicos en todo el planeta, y herbicidas que se han ido sofisticando desde aquel agente naranja de la guerra de Vietnam, que acabó con la vida de 400.000 personas, y originó malformaciones a otros 500.000 nacidos después de la guerra. Las acciones del lobby destapadas en su día por Wikileaks darían para una serie de varias temporadas, quizá con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero en algún papel secundario. Tener el control sobre lo que se cultiva en el planeta, sobre la alimentación de la humanidad debe de ser bastante tentador.
En junio de 2018, Monsanto Company se fusionó con con la farmacéutica Bayer.

El Monsanto que nos ocupa ahora, se refiere a una aldea de Idanha, con unas características casas de piedra. No muy lejos de allí se creó la empresa Sementes Vivas, con filial en Badajoz, dedicada a la comercialización de semillas biológicas de 250 especies, con el fin de preservar la biodiversidad, fomentar la agricultura biodinámica y la soberanía alimentaria. Esto supone empleos directos, y otros indirectos derivados de la recuperación de cultivos y métodos abandonados.

¿Cuánto cuesta poner mi pueblo en el mapa?

El municipio de Idanha-a-Nova celebra un conocido festival musical cada dos años, otro ecofestival, cursos… actividades que le han servido para entrar en el club de las 65 Ciudades Culturales de Estrasburgo. Al otro lado de la frontera, en España, muchos municipios promocionan lo de siempre: los encierros y las celebraciones religiosas, empapadas de alcohol barato.

Te recomendamos que pinches en los enlaces, en azul: son artículos bastante más interesantes y completos que este post.

El título Menos mal que nos queda Portugal lo hemos tomado prestado del tercer disco (1984) del grupo musical de Vigo, Siniestro Total. Nada original por nuestra parte, como leerás en este enlace.

Larga vida a Nyas Coca

La noticia se publicó hace unos días: “Se lanza la primera web de cocas a domicilio”. Algo que podría ser una ocurrencia de corto recorrido, resulta que detrás de la iniciativa, se encuentra nada menos que Pep Romany, embajador de la coca y de la cocina tradicional de La Marina, desde su restaurante Pont Sec, lugar imprescindible para acercarse a la gastronomía popular de la zona.

Un vino en la playa

Nos encanta la playa en otoño e invierno, e intentamos aprovechar los días de sol para pasear, leer, o tender la esterilla y tomar un vino mirando las olas. Fue en este momento, cuando alguien dijo ¿y si encargamos unas cocas en aquella web nueva? ¿y las traerán hasta aquí? Sábado, tres de la tarde y el estómago vacío. No tuvimos más remedio que probarlo.

Cocas para elegir

En la web de Nyas Coca, se puede elegir entre aproximadamente 18 tipos de coca, según temporada. Los precios, desde 3,50€ hasta 6,50€. Entrega a domicilio, 3€ (dan opción de recoger en Pont Sec). Se encarga y paga a través de la web, donde te registras en unos minutos, tarjeta de pago en mano. La atención telefónica es de lo más amable; llamamos para confirmar que nos llegaría el pedido en mitad de ninguna parte, a pie del mar. Transcurrida la media hora prometida, aparece el motorista, quien accedió a que le hiciéramos unas fotos.

Entrega a tiempo, en mitad de la nada.

Entrega a tiempo, en mitad de la nada.

Packaging: ese envoltorio coherente con la marca y el producto.

Corremos hacia el repartidor, que ya tenía un pie metido en la arena para la entrega. Una bolsa de papel kraft, y dos cajas o estuches de cartón: ningún plástico. Dentro de cada estuche, dos cocas recién hechas, de un palmo de diámetro, aún calientes.

Envoltorio atractivo, eficaz y reciclable.

Envoltorio atractivo, eficaz y reciclable.

No he probado nunca una coca. ¿Es una pizza sin queso?

La comparación podría servir, si no fuera porque la pizza ha triunfado en todo el mundo, para lo bueno y para lo malo. Si tu referencia de pizza es una base de masa recalentada con muchas cosas grasientas encima, poco que ver. Manuel Vicent describe así la coca en “Comer y beber a mi manera”:

El tomate llegó a España antes que a Italia. Esta coca fue llevada a Nápoles por los almogávares valencianos. Allí se limitaron a añadir queso fundido de búfala a estos aditamentos y de ahí nació la pizza napolitana, que es la primigenia. El secreto de la coca valenciana con tomate está en la masa, que debe ser fina y bien horneada, de forma que los dientes hallen cierta resistencia al encontrarse con ella después de que toda la boca se haya inundado con el sabor, mitad dulce, mitad salado, del pimiento y el tomate. La masa gorda y blanda supone un rotundo fracaso.

Manuel Vicent. Comer y beber a mi manera. Alfaguara.

Coca de tomacat y coca de sardina de bota.

Coca de tomacat y coca de sardina de bota.

Coca gamba amb bleda.

Coca gamba amb bleda.

Cabe decir que también hay cocas infames, una especie de discos de pan gordo, con algunos guisantes de lata encima. Pero las cocas que nos ocupan, proceden de harinas compradas en la península. La masa ha reposado un mínimo de tres días. Los ingredientes vegetales muy probablemente hayan sido recolectados esa misma mañana del huerto que Pep Romany tiene junto a Pont Sec, o haya sido adquirido a agricultores de la comarca. Y todo horneado minutos antes en un horno de leña. Un lujo asequible. Larga vida a Nyas Coca.

 

Leprosería de Fontilles

Esta es otra historia de las que nos gustan: con protagonistas soñadores y comprometidos con una causa, que no solo sacan adelante contra todo pronóstico, además se convirtió en un legado que cambió la vida de mucha gente.

Tormos (Marina Alta, Alicante). Noche del 15 de diciembre de 1901. Un alarido estremeció al padre Carlos Ferris (1856, Albal – 1924, Gandía) en casa de su amigo, el abogado Joaquín Ballester (1865, Tormos – 1951 Gandía), donde se alojaba por unos días. Los gritos y lamentos provenían de la casa de un vecino afectado de lepra, Bautista Perelló, quien llevaba años sin salir de su domicilio, y la única atención que recibía era el cántaro de agua que le dejaban una vez al día en la puerta.

Bautista, impedido por las secuelas físicas de la lepra, se las arreglaba sin ayuda con todas las tareas domésticas. Pero, quizá, los peores efectos de la enfermedad, fueran los que dejaba la marginación social. Realmente, Bautista se podía considerar privilegiado, ya que numerosos enfermos de lepra vivían expulsados de los pueblos, en cuevas o madrigueras.

El interés de Ferris y Ballester por conocer más sobre la enfermedad «maldita», reveló que la Marina Alta tenía más casos de lepra que la media nacional. El jesuita, tenía experiencia en trabajar sobre los problemas terrenales de los más desfavorecidos: desde fundar una caja de ahorros, cuando éstas servían para evitar la usura, hasta promover los estudios universitarios de hijos de campesinos –recordamos, que estamos en los albores del siglo XX–.

Por su parte, Ballester, que pertenecía a una familia noble de la derecha católica, fue promotor de diversas obras sociales dentro de la economía, educación, obras públicas… cuando estaba todo por hacer. Junto al religioso, luchó contra la peor cara de la enfermedad: la ignorancia de los no enfermos de lepra.

Así que juntos idearon un proyecto para acoger y tratar a los enfermos. Darles una vida digna, una esperanza. Buscaron un terreno apropiado, fresco, fértil, ventilado, accesible… y dieron con Fontilles (fuentecillas), dentro del Val de Laguar (Marina Alta, Alicante).

Compraron los terrenos a los pequeños propietarios, se enfrentaron a los vecinos, políticos y empresarios que pretendían impedir la construcción de la leprosería, supuesta amenaza a la exportación de la pasa –motor económico de la comarca en la época–.

El 17 de enero de 1909, sin discursos ni banda de música, ingresan los primeros ocho enfermos de lepra en la Colonia Sanatorio de San Francisco de Borja. Llegaron a ser 400 en los años 50, llegados de toda España. Unos se casaron, algunos tuvieron hijos, otros aprendieron un oficio, muchos se curaron, algunos prefirieron morir allí… pero todos tuvieron –tienen– una vida digna, gracias a las aportaciones privadas, a través de la Asociación Fontilles y el voluntariado. Como muestra, la visita y desfile todos los octubres, desde hace más de 60 años, de los Moros y Cristianos de Alcoy ante los residentes en Fontilles, como muestra de cariño y solidaridad.

Fontilles fue concebido como una residencia y centro de investigación de referencia a nivel mundial, y continúa formando a profesionales sanitarios que trabajan en países donde la lepra y otras enfermedades relacionadas con la pobreza, aún representa un problema sanitario y de exclusión social.

En la actualidad, se puede visitar el complejo o mini ciudad, que cuenta con cantina, teatro, oficina de correos… casi todas, instalaciones en desuso, excesivas para los 41 residentes actuales. Llama la atención el paisaje, que podría pertenecer a alguna montaña más septentrional; las espectaculares vistas al Mediterráneo, únicamente interrumpidas por un particular Muro de la Vergüenza, levantado en 1923 ante la alarma de los vecinos, que veían deambular por los caminos a algunos enfermos atraídos por supuestos remedios de curanderos sin escrúpulos, y que el actual director del centro deja que el tiempo haga desaparecer. Cabe destacar que en más de 100 años, no se produjo ningún contagio de la enfermedad a los sanitarios o voluntarios. La cura definitiva, no llegó hasta 1981.

Fontilles también admite donativos en esta web, para proyectos concretos, como este para paliar la úlcera de Buruli de niños del Congo.

Las palabras en azul son enlaces, como este de un documental de la RTVV, que puedes ver en Youtube.

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Vistas del valle, al fondo el Mediterráneo. Se puede apreciar la muralla, construida para tranquilizar a los vecinos.

Cantina en Fontilles, donde hasta hace no mucho, los residentes jugaban al dominó.

Cantina en Fontilles, donde hasta hace no mucho, los residentes jugaban al dominó.

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Parece que el tiempo se ha detenido en Fontilles, pero el espíritu de lucha contra la pobreza, sigue muy activo.

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Estatua del padre Carlos Ferris.

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La vegetación rodea el complejo de Fontilles (fuentecillas).

Ríos y vida (3 de 3)

Macondo Cambalache en el Amazonas. Foto: http://www.argentinaalaska.com/

Macondo Cambalache en el Amazonas. Foto: argentinaalaska.com

En esta serie de tres historias sobre ríos, no podía faltar la consabida metáfora de nuestra vida como un río, sea en versión Zen, o en la versión de Jorge Manrique.

3. El río por explorar de la familia Zapp.

Creo que el titular que me invitó a saber más sobre la familia Zapp era parecido a este: “Recuperaron una balsa abandonada para navegar con su coche por el Amazonas”.

El 25 de enero de 2000, Candelaria Chovet y Herman Zapp, ingeniero y mecánico respectivamente, vendieron todo lo que tenían, para partir de Argentina con el viejo compañero Macondo Cambalache, un automóvil Graham-Paige de 1928 que les permitiría llegar a Alaska, a una velocidad de 60km/hora, 70.000 kilómetros después.

Esa fue la primera etapa de un viaje que dura ya 14 años. Macondo ya no refugia y transporta solo a la pareja: Pampa, el hijo mayor, nació en Carolina del Norte en 2002. Tehue, en Buenos Aires en 2005. Paloma, se asomó al mundo en 2007 (Canadá). Y el pequeño Wallaby lo hizo en Australia, en 2009. Candelaria pasó de ingeniero zootecnista a maestra de los cuatro hijos.

La familia Zapp al completo. Foto: argentinaalaska.com

La familia Zapp al completo. Foto: argentinaalaska.com

Han vivido en casi todos los continentes, y actualmente recorren África “por la costa que tenga más animales”, con idea de dejar Europa para el final de esta etapa en sus vidas… y empezar otra.

En la página web que dedican al periplo, es bonito ver la transformación de la familia a lo largo de los años, Macondo incluido, convertido casi en una autocaravana, con capacidad de acoger a toda la familia, aunque lo habitual es que sean recibidos en los hogares de personas de todo tipo, desde curas hasta coleccionistas de trenes de vapor.

Si quieres saber más, el libro que han escrito, Atrapa tu sueño, promete ser una historia realmente inspiradora sobre el río de los Zapp.

Como siempre, las palabras en azul, son enlaces.

Bueyes tirando de una carreta y de Macondo en Sudáfrica. Foto: argentinaalaska.com

Bueyes tirando de una carreta y de Macondo en Sudáfrica. Foto: argentinaalaska.com

Amor por la tierra y el cemento. Parte 1

Algunas de las ocas de Feliciano Bañuls, en formación.

Algunas de las ocas de Feliciano Bañuls, en formación.

Feliciano Bañuls vive en Pego (Marina Alta, Alicante), muy cerca del Marjal de Pego-Oliva, rodeado de naranjos y ocas.

Para él, lo sostenible es más que una moda pasajera: es una necesidad. Sus ocas nunca serán plato de la comida del domingo. Sus cabras no serán carne de puchero. Ni los patos. Ni las palomas.

El peaje que pagan los animales por vivir con alimento y refugio, es la materia orgánica que expulsan sin proponérselo. Una bendición para una tierra inerte, tras décadas de ingentes cantidades de fertilizantes.

Feliciano disfruta viendo la fauna vivir en libertad, justo en el límite donde alguien en el ayuntamiento, trazó una línea que separaba lo urbanizable de lo rústico. Y como si tuviera un pie a cada lado de la línea, Feliciano también puso su granito de arena. Y de cemento.

En aquellos tiempos en que la gente reformaba sus viviendas, Feliciano y su padre, entre otras labores, reconstruían suelos de baldosa hidráulica.

Baldosas que, desde mediados del siglo XIX, decoraban las viviendas del sur de Europa. Mosaicos con un diseño a menudo influenciado por el modernismo: formas orgánicas inspiradas en la naturaleza, o bien geométricas, a modo de dameros o panales.

Una moda que requirió una red de pequeñas industrias dedicadas a su fabricación. Cada temporada, las fábricas lanzaban diseños propios, cada vez más complejos, que las distinguían de la competencia.

Caben combinaciones infinitas en cada pieza de 20 x 20 (la más común), en cuanto a formas y colores. Las formas vienen dadas por el molde metálico donde se vierten los morteros de cemento y mármol pigmentados. Estos moldes, fabricados en bronce y latón, se llaman trepas, y a su vez fueron fabricados por artesanos expertos en este arte.  Así, cada color corresponde a una mezcla de pigmento y cemento distinta, vertida en cada forma de la trepa.

Baldosa hidráulica terminada, y trepa utilizada para su fabricación.

Baldosa hidráulica terminada, y trepa utilizada para su fabricación.

Feliciano y su padre, tuvieron que reconstruir suelos con baldosas encargadas a la carta, que a menudo llegaban de Marruecos, y no siempre con los presumibles criterios de calidad.

En ocasiones, acertar con una trepa que tenga el mismo dibujo que el suelo a completar, es una lotería. Pero dar con el color exacto del cemento tras el uso, es un trabajo que merece dedicación, tiempo y cariño. Difícil en una industria que produce baldosas como churros, generalmente en otros países donde los derechos de los trabajadores no se desprecian como aquí, porque no existen.

Las palabras en azul, son enlaces.

Continuará.

Nota y Garabato

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Iniciar un nuevo proyecto, es la mejor forma de terminar el año. No se trata de lanzar un producto nunca visto: encontrarás cientos similares en internet, como nos ocurrió a nosotros, cuando pensábamos que habíamos dado con un objeto singular.

Sin embargo, en este caso, quien lo adquiera o reciba como regalo, sí lo hará único, personal, y casi intransferible. O lo usas, o al cajón.

Nota y Garabato es un objeto, que deberá competir dentro de tu bolso o bolsillo, con artilugios electrónicos muy capaces y eficientes, pero que nunca serán del todo tuyos.

Nota y Garabato tiene un arma totalmente analógica, y hará que lo escojas para tomar notas o garabatear, sin usar los pulgares en una pantalla: tiene encanto, y es tuyo.

¡Nos gustaría recibir comentarios!

Las palabras en azul son enlaces.

 

Diseño y Madrid

Afortunadamente, cada vez suena menos extraño ver juntas las dos palabras del título de esta entrada, y la causa no es que ahora Madrid pretenda ser el centro también del disseny, reinterpretando gorras chulapas. En este caso, se trata de una iniciativa privada, que pretende cubrir una carencia que a ninguna administración le ha parecido interesante abanderar con lo plural y multicultural que se le presume a los madrileños.

El nombre tan poco castizo del evento, Product Design Madrid (PDM), se justifica por la aspiración a convertirse en referencia internacional, ya que el expositor tiene posibilidades de exhibir sus productos en otras citas que tienen lugar en Madrid (estos días en Feriarte), Barcelona y Milán.

Entrada de la exposición.

El Colegio de Arquitectos de Madrid, es la sede de la exposición principal, hasta el domingo 24 de noviembre. En este espacio, que ya merece la visita, sobre todo con luz natural, se dan cita diseñadores de forma individual, y estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Diseño Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid, Elisava de Barcelona, o la Universidad Shih-Chien de Taipei (Taiwan).

Con esta fiambrera, comer en el trabajo deja de ser una obligación.

Los taiwaneses muestran variedad de productos en su espacio, desde una fiambrera de cerámica para llevar a la oficina, hasta una familia de altavoces para iPhone, muy sutiles, elegantes, minimalistas, inspirados en jaulas de pájaro.

La diversidad de productos expuestos, no solo viene dada por la forma o función; también por cómo se plantea la producción, y el precio final. Así, nos encontramos con objetos fabricados de forma artesanal que, por el precio, imagino no se va a producir más allá del prototipo.

¿Esculturas o producto industrial?

Probablemente, las dos tendencias que se abran camino, no sean ni lo uno ni lo otro: en el punto medio, entre la pieza única de precio inaccesible, y el objeto de producción masiva, se encuentra la fabricación tradicional en talleres artesanos de objetos contemporáneos, que cubren las necesidades de hoy.

La otra corriente, no viene dada por la vuelta a las raíces; todo lo contrario. En este caso, la producción aprovecha materiales, sistemas informáticos y máquinas que, como las impresoras 3D, son cada vez más accesibles por precio y facilidad de manejo. Todo ello, permite que el cliente pueda personalizar su objeto, desde casa, antes de la fabricación. La tecnología no siempre implica rapidez: para «imprimir» la lámpara de una de las fotos mostrada más abajo, se invirtieron 20 horas.

Lámpara de Mimétrica, fabricada en 20 horas, con polímero y polvo de yeso en impresora 3D.

Afortunadamente, el reciclaje y lo sostenible se aborda con propuestas que van más allá de las butacas hechas con palets: se reutilizan velas de barco, paracaídas, se emplean maderas de bosques sostenibles de pino o bambú, o aglomerados vistos.

Tienda de campaña para emergencias, fabricada a partir de un paracaídas, de la diseñadora Duygu Azun.

En resumen, exposición muy recomendable por la variedad de planteamientos y de soluciones. De disciplinas, de inquietudes, de culturas. Desde el ceramista peruano Erick Valdivieso, hasta la diseñadora turca Duygu Azun, con su tienda de campaña para emergencias. ¿Volverá el Madrid que no se mira el ombligo olímpico?

En sucesivos artículos, hablaremos de los trabajos que más nos han llamado la atención. Las palabras en azul, son enlaces.

Cerámica de Erick Valdivieso.

Almohadones de Paparajote, y al fondo textiles estampados de Hola Por qué.

Teyoland

Nadie vendrá a sacarnos es esto. O al menos, nadie vendrá a sacarnos de forma desinteresada, sea desde Marte en un platillo volante, en forma de comité olímpico, o abordo de un avión privado desde Las Vegas.

Ignacio Tello (Castellón, 1962), debería ser tan conocido como Guardiola, Nadal, Alonso… por poner ejemplos del ámbito deportivo. Es un señor que ha invertido su propio capital mas el de otros inversores, en 20.000 metros cuadrados de tienda en Valencia, destinada a competir nada menos que con Ikea, Leroy Merlin, y demás cadenas de distribución extranjeras, pero con el «Hecho en España» como sello de identidad.

La tienda se llama Teyoland, y está situada en el pabellón 7 de la Feria de Valencia. El acceso en coche no es fácil de encontrar, y en transporte público desde el centro, con horario de recinto ferial, tampoco parece que sea cómodo. ¡Que alguien le ponga un Metro, por favor!

Exterior de Teyoland en la Feria de Valencia

La apertura de la tienda en la misma Feria de Valencia, ha provocado protestas entre algunas asociaciones empresariales valencianas del mueble, que ven amenazadas las pelusas de sus naves por el trato de favor a Tello, que paga a la Feria un 4% de facturación, con un mínimo de 1 millón de euros anual, por un espacio, que dadas las circunstancias, permanecería sin uso, como otras muchas infraestructuras de la comunidad.

Para algunos artesanos, el tener productos en Teyoland, se ve como un pecado similar al de doblegarse a ser proveedor de El Corte Inglés. Lo cierto, es que el espacio se plantea como un escaparate, en el que los fabricantes no pierden su identidad bajo una marca común.

La entrada a la tienda desconcierta un poco, al encontrar mercancía «Made in China» que se oferta en góndolas. Como en cualquier «Todo a 1 euro».

Muebles en el interior de la tienda.

En la planta superior, la inmensa superficie está dedicada a muebles y complementos para el hogar, y se destaca el producto de origen español con carteles llamativos, entre decorados de distintas estancias de una vivienda, para inspirar al visitante con los productos que se exponen. Robin, Dulcinea, Balzola… los nombres de los productos los puede pronunciar cualquier hispanohablante.

Composición formada por almohadas.

Algunos escaparates son muy sugerentes, como instalaciones de una exposición artística. Detrás está el director creativo de la firma, el diseñador e interiorista Francesc Rifé. A menudo, se invita al «háztelo tu mismo» y al reciclaje de materiales en estos decorados, no en vano, ya que disponen de una superficie gigante en la planta inferior, dedicada a bricolaje, materiales de construcción y jardinería. La sensación es que aún queda mucho espacio por llenar.

Planta dedicada al bricolage y jardinería.

Destaca el producto local, mediterráneo y nacional. Unas veces con diseños originales, otras reinterpretando clásicos, y a veces con objetos ya vistos en Ikea. El producto importado de China, se justifica alegando que el importador es valenciano.

Unos opinan que es caro, que la atención al cliente es mejorable; que si la Coca-Cola de la cafetería es Pepsi; otros que se van a enterar cuando Ikea abra la tienda de Valencia. Por no hablar del despido de un tercio de los 300 empleados, a los pocos meses de abrir.

Un proyecto de este tipo, se tarda años en pulir, ya que no es una mera copia de Ikea: se apuesta por el producto nacional, fabricado en condiciones laborales dignas –aunque lo sean cada vez menos–, y es necesaria cierta complicidad del consumidor a la hora de decidirse por el producto nacional. Complicidad, también, por parte de la administración, de los medios de comunicación… Ignacio Tello, ha invertido capital y esfuerzo en un proyecto que puede salvar parte de la industria local –¿nacional?– del cierre. En las circunstancias y el clima que todos conocemos. Podía haber invertido en cualquier fondo «buitre» desde las islas Caimán. ¿Será uno de los marcianos que mencionaba al principio?

Las palabras en azul, como esta, de una entrevista a Tello, son enlaces.

Se destaca la producción nacional.

Ciertos productos son apuestas originales, como estas mesillas-lámpara de chapa. ¿Son caras?

Mucho y barato

Manojos de esparto. Foto de Balikypopoy.

Es desolador entrar en cualquier almacén, de pueblos que tradicionalmente trabajaban las fibras naturales, como Gata de Gorgos, y ver que todo viene de fuera. Lo más cerca, de Marruecos.

Balikypopoy lo componen María y Silvia. Recolectan el esparto que crece en los alrededores de Casinos, el pueblo del interior de Valencia donde viven, lo trenzan y lo tejen con la forma que ellas diseñan. Por lo que cuesta un cuenco de Balikipopoy, te puedes comprar siete hechos en China.

Aprendieron de su abuelo un oficio que vivió mejores tiempos, cuando se valoraba lo duradero. Hoy, China nos surte de casi todo lo que necesitamos para vivir. Mucho y barato.

En uno de esos almacenes de Gata, encontré un gran cuadro pintado al óleo exacto a otro que vi en una tienda de muebles «de diseño». Una especie de Sorolla playero pintado con trazo grueso, con unas figuras humanoides que pretendían ser niños. Precio irrisorio; además creo que se vendía con pareja a modo de díptico.

Los chinos hace tiempo que se dieron cuenta de la fiebre vintage que padecemos desde que tenemos Pinterest –o antes–, y nos saturan con todo tipo de copias más o menos grotescas de carteles, envases, muebles, sin necesidad de acudir a un mercadillo o tienda del centro.

El gobierno chino, hace años impulsó la transformación de parte de los campos de algodón –camisetas y aceites de precocinados– en cultivos destinados a la alimentación, tanto del propio país como de otros: ya nos surten de alimentos frescos tan mediterráneos como los ajos y cebollas, mas los que están por llegar (he visto simultáneamente naranjas caídas bajo el árbol, sin recoger, y redes de naranjas de Argentina en el súper).

Nos enteramos de que un alimento se importa de China, cuando se da alguna intoxicación en Alemania. Aquí eso no pasa, ya que directamente se oculta información al consumidor, como el ejemplo de la etiqueta de la miel del supermercado: «miel procedente de la UE, y de fuera de la UE», en vez de «miel procedente de China, de abejas atiborradas a antibióticos».

Igual, gracias a la huerta china, el asesor-cocinero de Fabra, idea unos menús –muchos y baratos– que suplan, en época de vacaciones, el socorrido comedor escolar para muchas familias.

En fin, pido disculpas a Balikypopoy por esta entrada, que pretendía ser un canto a lo singular, autosuficiente, sostenible y valiente que creo que es vuestro trabajo. Y me ha salido esto.

Como siempre, las palabras en azul son enlaces.