Esculturas en hierro de Baba Dieng y Rafael Sánchez

Gato

Baba ha vivido en una forja desde que se fue a vivir con su abuelo, a los cuatro años. A los siete, ya construía sus propios juguetes a partir de botes de conserva.

Durante el período escolar, descubre el dibujo y el modelado en cartón, posibilidades que explorará en el taller de su tío en Dakar (Senegal). Su bicicleta, fabricada íntegramente de hierro, incluso las ruedas, le hizo conocido como «El tío artista».

Su primer empleo en España lo desarrolla en Cemetalsa, una empresa que realiza estructuras de hierro para la construcción, de Ondara (Alicante).

Pero su crecimiento como artista, comienza el día en que el escultor de Jávea,
Toni Marí, le dijo, tras una prueba de trabajo en el taller: «empiezas mañana».

Durante tres años, participó en las principales obras del escultor, quien,
como el abuelo y tío de Baba, fue modelo e inspiración.

Rafael Sánchez y Baba, han transformado el antiguo taller de lámparas de hierro
de Rafael, Forjaden, en un lugar que les permite traducir al lenguaje del metal, todo lo que la naturaleza de la sierra del Caval les inspira.

En Almabrava, podrás encontrar las esculturas de los artesanos del hierro, Baba Dieng y Rafael Sánchez.

 

Árbol

Pato

Pájaro aterrizando

Cuando el arte se funde con la industria

Piezas del proyecto Futuro Industrial en DecorAccion.

Uno de los puestos del pasado mercado de DecorAccion me atrajo como un imán, en medio de tantos otros con más de lo mismo. Era la propuesta de Potsdam, galería y tienda de antigüedades de Pamplona, que consistía en unas peculiares esculturas de madera pintada, algunas con indescifrables códigos alfanuméricos, de formas geométricas, algunas reconocibles como ruedas de vagón, poleas, codos de tuberías, que podrían pertenecer a alguna civilización ya extinguida.

Una civilización que no sabía trabajar el metal y la materia prima de su industria era la madera; probablemente una plaga –¿de cochinilla, de concejales y constructores?– acabó con sus bosques, y fueron sometidos por otros con espadas, armaduras y grilletes.

La verdad –o lo que nos han contado los de Potsdam– es que son contramoldes de fundición de los Altos Hornos de Vizcaya, ahora convertidos en esculturas de distintos formatos, que hablan de un pasado en el que se fabricaban cosas entre gigantes de acero, ríos de lava –metal incandescente–, fuego y sudor allá por los 60, 70, 80… hasta que se desmantelaron para dejar paso a la industria asiática. Son las piezas que forman parte del proyecto Futuro Industrial.

Tras una ojeada por la web de Potsdam y por el catálogo de su blog comprobaremos que para disfrutar de alguno de esos objetos que hablan (lámparas, sillas, bicicletas –o de otras civilizaciones extinguidas–) no nos tenemos por qué dejar una pasta.

Puesto de Futuro Industrial en Decoraccion.