Coca amb tonyina i bacores. Manjar para la noche de San Juan

Los que no podemos celebrar la noche de San Juan, Nit del Foc o de Sant Joan, contemplando las hogueras en la playa, nos podemos conformar con un poco del sabor de esta noche mágica.

Coca de Sant Joan amb tonyina i bacores, coca de atún con brevas.

Coca de Sant Joan amb tonyina i bacores, coca de atún con brevas.

Receta de coca amb tonyina i bacores fresques (coca de atún con brevas frescas)

Se trata de una coca cerrada, es decir, una empanada de masa de pan, no de hojaldre. Puedes hacer la masa de pan tu mismo: harina de fuerza, sal, aceite, levadura fresca y reposo. En este caso, añadiríamos un poco de anís seco –el popular anís Tenis– para aromatizar.

Como queda poco tiempo para que llegue la noche más corta del año, omitimos este paso, y compramos la masa refrigerada.

En estas fechas, encontraremos fácilmente en la pescadería la parte de la barriga del atún, conocida como ventresca, o los sinónimos que te enumeramos más abajo. Se trata de una pieza exenta de espinas, con características vetas de grasa, de textura similar a la carne, y precio inferior a los lomos del pez. También puedes encontrarla en salazón.

Ventresca, ijada, barriga o sorra de atún, antes de picar.

Ventresca, ijada, barriga o sorra de atún, antes de picar.

Las brevas comienzan a estar en temporada, para quedarse durante un período que los productores van alargando, al ser un fruto muy valorado. Los piñones nacionales son prohibitivos durante todo el año, pero en este caso, no los podemos sustituir por otros frutos secos.

Ingredientes para el relleno:

  • 1,3 kg de cebollas peladas y picadas
  • 0,5 kg de ventresca, ijada, barriga o sorra de atún, sin piel, en trocitos
  • AOVE (Aceite de oliva virgen extra)
  • 1 frasco de piñones (50 gr.)
  • Sal
  • Pimentón dulce, una pizca

Ingredientes para la masa:

  • 2 láminas de masa de empanada Buitoni de 280 gr. (una de base, otra de tapa)
  • Anís en grano
  • 1 huevo batido
  • Pizca de pimentón dulce
Anises en el interior de la masa cruda, coca de Sant Joan amb tonyina i bacores, coca de atún con brevas.

Anises pegados al interior de la masa cruda, coca de Sant Joan amb tonyina i bacores, coca de atún con brevas.

  1. Relleno: Sofreimos la cebolla hasta que quede transparente, a fuego bajo, removiendo de vez en cuando. 2 horas aproximadamente. Añadir sal y pizca –insistimos, solo una pizca– de pimentón dulce. Reservar en recipiente inclinado que nos permita eliminar el líquido.
    En la misma sartén salteamos el atún en trocitos, añadimos sal, y juntamos con la cebolla –ya sin el líquido– y los piñones. Este relleno mejorará el sabor con las horas, así que lo podemos hacer la noche anterior, y guardar en la nevera.
  2. Masa y horneado: Precalentamos el horno a 200 ºC solo con la parte inferior encendida. Extendemos la lámina de masa con su papel, en la bandeja del horno. Incrustamos en la masa las semillas de anís. Extendemos el relleno. La otra lámina de masa podemos extenderla para hacerla más fina, con los anises incrustados. Cubrimos el relleno con la segunda lámina. Cerramos los bordes con los dedos. Con un tenedor, practicamos unos orificios para que salga el vapor durante la cocción. Batimos el huevo con una pizca de pimentón y pintamos. Horneamos 10 minutos con la bandeja a una altura media-baja. 30 minutos más de horno con la parte superior también encendida, y subimos la bandeja a una altura media.

Dejar reposar a temperatura ambiente.

Si quieres evitar el aceite de palma de esta masa precocinada por una multinacional, atrévete a hacer tu propia masa de pan, más sana y mucho más económica. Es muy fácil y reconfortante. Feliz noche.

Larga vida a Nyas Coca

La noticia se publicó hace unos días: “Se lanza la primera web de cocas a domicilio”. Algo que podría ser una ocurrencia de corto recorrido, resulta que detrás de la iniciativa, se encuentra nada menos que Pep Romany, embajador de la coca y de la cocina tradicional de La Marina, desde su restaurante Pont Sec, lugar imprescindible para acercarse a la gastronomía popular de la zona.

Un vino en la playa

Nos encanta la playa en otoño e invierno, e intentamos aprovechar los días de sol para pasear, leer, o tender la esterilla y tomar un vino mirando las olas. Fue en este momento, cuando alguien dijo ¿y si encargamos unas cocas en aquella web nueva? ¿y las traerán hasta aquí? Sábado, tres de la tarde y el estómago vacío. No tuvimos más remedio que probarlo.

Cocas para elegir

En la web de Nyas Coca, se puede elegir entre aproximadamente 18 tipos de coca, según temporada. Los precios, desde 3,50€ hasta 6,50€. Entrega a domicilio, 3€ (dan opción de recoger en Pont Sec). Se encarga y paga a través de la web, donde te registras en unos minutos, tarjeta de pago en mano. La atención telefónica es de lo más amable; llamamos para confirmar que nos llegaría el pedido en mitad de ninguna parte, a pie del mar. Transcurrida la media hora prometida, aparece el motorista, quien accedió a que le hiciéramos unas fotos.

Entrega a tiempo, en mitad de la nada.

Entrega a tiempo, en mitad de la nada.

Packaging: ese envoltorio coherente con la marca y el producto.

Corremos hacia el repartidor, que ya tenía un pie metido en la arena para la entrega. Una bolsa de papel kraft, y dos cajas o estuches de cartón: ningún plástico. Dentro de cada estuche, dos cocas recién hechas, de un palmo de diámetro, aún calientes.

Envoltorio atractivo, eficaz y reciclable.

Envoltorio atractivo, eficaz y reciclable.

No he probado nunca una coca. ¿Es una pizza sin queso?

La comparación podría servir, si no fuera porque la pizza ha triunfado en todo el mundo, para lo bueno y para lo malo. Si tu referencia de pizza es una base de masa recalentada con muchas cosas grasientas encima, poco que ver. Manuel Vicent describe así la coca en “Comer y beber a mi manera”:

El tomate llegó a España antes que a Italia. Esta coca fue llevada a Nápoles por los almogávares valencianos. Allí se limitaron a añadir queso fundido de búfala a estos aditamentos y de ahí nació la pizza napolitana, que es la primigenia. El secreto de la coca valenciana con tomate está en la masa, que debe ser fina y bien horneada, de forma que los dientes hallen cierta resistencia al encontrarse con ella después de que toda la boca se haya inundado con el sabor, mitad dulce, mitad salado, del pimiento y el tomate. La masa gorda y blanda supone un rotundo fracaso.

Manuel Vicent. Comer y beber a mi manera. Alfaguara.

Coca de tomacat y coca de sardina de bota.

Coca de tomacat y coca de sardina de bota.

Coca gamba amb bleda.

Coca gamba amb bleda.

Cabe decir que también hay cocas infames, una especie de discos de pan gordo, con algunos guisantes de lata encima. Pero las cocas que nos ocupan, proceden de harinas compradas en la península. La masa ha reposado un mínimo de tres días. Los ingredientes vegetales muy probablemente hayan sido recolectados esa misma mañana del huerto que Pep Romany tiene junto a Pont Sec, o haya sido adquirido a agricultores de la comarca. Y todo horneado minutos antes en un horno de leña. Un lujo asequible. Larga vida a Nyas Coca.

 

Aceite de oliva ecológico en Almabrava

aceite de oliva ecologico en almabravaEcotravadell es el Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) ecológico, que hemos incorporado a nuestra oferta de productos ecológicos (también contamos con vino tinto, rosado y blanco de Valencia de cultivo biológico).

Está producido en la Almazara de Millena, una pequeña empresa familiar que elabora aceite de oliva desde 1950 en esta localidad de Alicante.

Es un aceite que elabora la familia Ferrando desde sus propios bancales, situados en el Valle de Travadell, a 650 metros sobre el nivel del mar, rodeado por las montañas de Aitana y Serrería.

Ecotravadell es puro zumo de aceituna, procedente de las variedades autóctonas de la zona: manzanilla (75%), blanqueta, genovesa y arbequina. Notas de cata: afrutado medio-alto, equilibrado, de entrada dulce, almendra, amargor y picante medio de hierba recién cortada, tomatera y manzana verde.

Ha recibido los premios al mejor aceite de oliva ecológico del País Valenciano en 2010, 2011 y 2015.

En su web (http://www.olitravadell.com) encontrarás información sobre la evolución de la almazara, del uso del molino de piedra, a los nuevos sistemas de producción: triturar la aceituna, batir la pasta resultante y dos centrifugados (uno para separar la aceituna y otro para limpiarla).

También en su página cuentan curiosidades sobre la gastronomía de las almazaras. Antiguamente, durante la época de la recolección y elaboración del aceite, se convertían en grandes comedores para los trabajadores. Además, la web cuenta con un apartado «Gastronomía», con recetas de platos típicos de las almazaras.

Ruta por un pueblo encantado de Japón

Fotograma del vídeo de Fritz Schumann, con Ayamo Tsukimi y su alter ego.

Fotograma del vídeo de Fritz Schumann, con Ayamo Tsukimi y su alter ego.

Ayamo Tsukimi volvió a su aldea de la isla japonesa de Shikoku, Nagoro, hace once años. Se encontró con que la aldea pasó de ser habitada por cientos de trabajadores de la fábrica, a tener tan solo 37 vecinos.

Sin muchas distracciones, Ayamo, de 64 años, decidió espantar los cuervos que se comían sus semillas, mediante un espantapájaros con la cara de su padre, de 83 años, con el que vive.

Aquellas semillas no prosperaron, pero el muñeco fue el primero de 350 personajes, que han devuelto la vida al valle, ya que atraen a multitud de turistas.

El fotógrafo alemán residente en Japón, Fritz Schumann, lo ha documentado en un vídeo lleno de magia. La propia autora presenta a los habitantes de trapo: el director de la escuela, el vecino de la bicicleta, el hortelano, el cazador apostado en la copa de un árbol.

Cuando vuelva el coche de Google Maps a fotografiar la ruta, los habitantes de trapo que esperan el autobús, probablemente sean otros, ya que su media de vida es de 3 años.

Las palabras en azul, son enlaces.

Descubrimos a Ayamo Tsukimi en el blog Nometoqueslashelveticas.

 

Receta de pan campesino integral

Pan campesino integral cocido

Pan campesino integral cocido

En el post anterior, hablábamos del sabor y textura del pan artesano, y de los pocos utensilios que necesitamos para hacer un buen pan en casa.

Hace unos días, nos atrevimos a hacer el pan de la foto. Un pan que no estaba destinado a rebañar cualquier salsa, sino a protagonizar el primer plato de una comida entre amigos.

En este caso, los complementos del pan fueron unas anchoas desaladas y conservadas en aceite, boquerones en vinagre, trozos de aguacate y cebolla, tomates maduros cortados en cuartos para untar, y aceite de oliva virgen extra de Val de la Gallinera, para más señas.

El pan no quedó muy fotogénico, y lo duro de la corteza, unido al peso –1 Kg.–, lo convertía en una especie de pedrusco. Menos mal que el interior reservaba una miga relativamente húmeda, de buena textura y sabor.

Esta es la receta de nuestro panazo campesino:

Ingredientes para 1 Kg:

360 ml de agua
1 cucharada sopera de AOVE (aceite de oliva virgen extra)
2 cucharadas de café, de sal
1 cucharada sopera de azúcar de caña integral
200 gr de harina de trigo (de fuerza)
200 gr de harina de centeno integral
200 gr de harina de avena integral
1/2 pastilla de levadura fresca de pan de Mercadona (la próxima, probaremos a hacer masa madre como la de Ibán Yarza)
Semillas de centeno y avena a discreción.
Conveniente papel de hornear.

El primer amasado corrió a cuenta de la panificadora, 1 hora aproximadamente. Reposo de 7 horas, tapado con un paño. Amasado manual e incorporación de semillas. Reposo de 1 hora. Hendidos con cuchillo panero a 45º.  1 hora de cocción en horno precalentado a 250º –precalentar también la bandeja–. Para mejorar la textura de la corteza, es conveniente la humedad, sobre todo al principio: para ello, rociar con agua pulverizada las paredes del horno.

No quedaron ni las migas, y sí lugar en el estómago para un arroz: «el pan que pesa en la mano, no pesa en el estómago». Cita de Moncho López.

Pan campesino crudo

Pan formado, con sus semillas y sus hendidos, sobre papel de hornear, listo para cocer.

El secreto del sabor a pan

Ingredientes del pan

Ingredientes del pan.

Hace ya tiempo que la industria alimentaria nos arrebató sabores y texturas, gracias a nuestra complicidad. La prisa ganó la batalla. No solo las hortalizas han sufrido esa mutación insípida: el pan fue uno de los primeros alimentos básicos que desapareció del comercio «de proximidad», y con él las panaderías y obradores.

La producción de pan se ha centrado en unas pocas industrias que abastecen a todo el país, mediante un proceso industrial ayudado por aditivos y mejorantes, que en la mayoría de los casos da lugar a un pan insípido, con mucho aire, y de corta duración en condiciones de consumo. Son esos panes de supermercado, de gasolinera y de «chino», por poner un orden, de malo a muy malo, que a menudo, se hornean a la vista del público como prueba de autenticidad. En unas horas pueden cambiar de estado: de pan a piedra, o de pan a caucho.

Afortunadamente, la corriente «Slow» o Movimiento Lento –que entre otras cosas, reclama recuperar los tiempos en los procesos–, llega a España con unas décadas de retraso, hace que se le vuelva a prestar atención a aquellos sabores perdidos, y cuando hace años que los panaderos tiraron la toalla, gente que nada tiene que ver con la tradición harinera, rescata esa tarea olvidada de hacer pan a mano, con productos de calidad.

Panes sólidos, consistentes, nutritivos y digeribles: «El pan que pesa en la mano, no pesa en el estómago».

Orlando Lumbreras entrevistó al panadero Moncho López, el pasado 30 de marzo, en el programa de Radio 3, Placeres Mundanos. López estudió la carrera de Física, la de Newton, no Educación Física, aunque acabase trabajando para Decathlon, y mas tarde en el Grupo Cortefiel, hasta que un día decidió dar rienda suelta a sus inquietudes manuales y artesanas, siendo panadero. Así fundó Levadura Madre, cadena de tres panaderías en Madrid, donde además de vender pan, divulga su sabiduría mediante talleres y cursos.

Ibán Yarza es otro gurú de la hogaza, experimentador y comunicador… desmiga el arte de hacer pan, hasta hacerlo asequible para cualquiera con dos manos y un horno doméstico –¿Hay algo más democrático?–. Desde su web explica cómo obtener masa madre a partir de harina y agua, sin necesidad de comprar levadura en Mercadona.

Puedes aprender de Ibán Yarza en acción, en alguno de los programas de la ETB, Robin Food –David de Jorge–. O, mejor aún, de su libro Pan casero (Larousse, 2013).

Francia es uno de los países donde el pan de calidad no ha desaparecido de la lista de la compra, aunque imagino que tendrán panes infames, como en todas partes. El tunecino Ridha Khadher, fue el ganador de Baguette de Oro 2013, lo que supone, además de un premio en metálico, suministrar el pan al palacio presidencial. Su secreto desvelado: reposo de la masa durante 24 horas.

Así, que deducimos que el secreto, además de la calidad de los ingredientes (Moncho López hablaba incluso de suministrar  semillas seleccionadas de cereales a los agricultores), es el tiempo.

  • Tiempo para dejar actuar a los microorganismos presentes en las cáscaras del cereal (son levaduras que también habitan en la piel de las frutas) y en el ambiente. Levaduras que a partir de harina y agua, mediante fermentación, activarán la masa madre, y darán ese grado de acidez característico.
  • Tiempo de reposo de la masa, desde 3 horas hasta las 24 de Khadher. Una masa reposada, hace que el pan dure varios días fresco.
  • Tiempo para amasar a mano, con ritmo, suavemente, ya que la masa también «se estresa». Los panaderos coinciden en comparar esta fase a algo parecido a un mantra, un estado de meditación.

Si has llegado a leer hasta aquí, enhorabuena. Seguramente tengas paciencia para ponerte a hacer pan, y disfrutarlo.

Las palabras en azul, son enlaces a artículos, vídeos y programa radiofónico.

De aquellos polvos vienen estos vinos

Amparo Cuesta, de Pago Casa Gran, Moixent (Valencia)

Como vais a poder comprobar quienes leáis hasta el final esta entrada, mis conocimientos sobre vino son entre nulos y escasos. Lo que no quiere decir que no me guste, al contrario, lo disfruto, y pruebo los que me llaman la atención y me puedo permitir comprar.

Lo primero que selecciono, es la denominación de origen. Si estoy en la Comunidad Valenciana, intento que sea de dicha comunidad, simplemente porque pienso que voy a tener una oferta más amplia, y más posibilidades de encontrarme con una buena sorpresa a precio razonable, aunque si estoy en Madrid, evito sus vinos, antes porque no me gustaban, y ahora que han mejorado, por el precio.

También está el argumento de lo poco sostenible que es el transporte de un vino cientos de kilómetros… pero qué rico está un buen Priorato, y qué lejos. Confieso que el diseño de la etiqueta, según lo pretencioso que sea, ayuda en ese flechazo.

A lo que voy: de vez en cuando, siembro y cultivo una «Teoría de Todo a 100» (hoy sería de todo a un euro), que consiste simplemente en defender una teoría sin base científica, pero con algo de intuición. Se diferencia de una «Teoría de la Conspiración», en que a veces te puede dar alguna alegría cuando se publican datos que la corroboran. Las teorías de conspiraciones, para que corporaciones alcancen fines oscuros y secretos, son difícilmente demostrables.

La Teoría de todo a 100 que ahora nos ocupa, es la que se enuncia así:

«Los vinos, incluidos los de «calidad», cada vez se parecen más los unos a los otros, independientemente de la denominación de origen, añada y tipo de uva, debido a que se están añadiendo sustancias aromáticas creadas en laboratorio».

Más de una vez me han dicho que esto es una solemne bobada, y en alguna bodega, preguntados por la cuestión, sólo han reconocido haber añadido ese serrín de roble que reduce o evita el tiempo de paso por barrica, y a veces lo de la clarificación –que imagino que ya no son claras de huevo–, los sulfitos y poco más.

Pero hace pocos días, Amparo Cuesta, guiándonos por las instalaciones de Pago Casa Gran, en el interior de Valencia, Moixent, comentaba que en el proceso de elaboración de sus vinos, no añadían levaduras para enfatizar determinado aroma o sabor, dando a entender que es la práctica habitual de la mayoría de bodegas.

Entre la viñas del pago, la maleza crece a sus anchas, o lo que le permite la vid, en esa competencia por el agua que beneficia al desarrollo de la raíz, y hacen de manto vegetal y abono. Los insectos depredadores de otros insectos, son también un aliado del cultivo, así como la recogida manual de las uvas para no dañarlas.

Producen vino ecológico, y llevan adaptando los procesos a la normativa suiza unos años, ya que es el país al que más exportan. Parece ser que al consumidor español le interesa poco el asunto verde: queremos que el Linaje de Don Fulano sepa siempre igual. Con la producción ecológica, la climatología se hace patente en el resultado final.

Hemos adquirido alguna botella para catar, y posteriormente adquirir, para vender en la tienda de Almabrava en Dénia.

Resumiendo, la parkerización de los vinos se diseña en un laboratorio: «ponme unas cepas de levadura de aquel terroir de Burdeos que tanto le gusta a Parker, y vamos a clarificar con un poco de colágeno de cerdo». Por no hablar de los químicos con los que se trata la cepa (riego mineral, abono, etc), y de los químicos añadidos posteriormente para descontaminar el mosto.

Y luego nos escandaliza que los alemanes añadan azúcar para compensar la falta de sol y conseguir unos grados más de alcohol.

Insisto: nuevamente se lo estamos dejando muy fácil a China. Pronto acompañaremos el choped con un Lioja, y dudo que se conformen con añadir azúcar.

Las palabras en azul, son enlaces a otras páginas, como siempre.

Un español con una vida de cine

Hace un par de días, descubrí en el periódico la vida de Jean Leon, y pensé «qué país tan raro es éste, en el que a los autónomos o trabajadores por cuenta propia se les llama emprendedores, y a los emprendedores se les ignora».

Este señor salió de España como Ceferino Carrión, muy joven, tras perder la casa familiar en el incendio de Santander de 1941 y, poco después, a su padre y hermano mayor, quienes murieron torpedeados por la marina británica, cuando transportaban mercancías rumbo a Alemania durante la II Guerra Mundial.

Después de trabajar un tiempo en Barcelona en la antigua Pegaso, decidió recorrer mundo: primero a pie hasta Francia, y luego como polizón en un barco rumbo a Estados Unidos.

Fue taxista en Nueva York, se alistó en el ejército, trabajó de camarero en un club de Frank Sinatra, comenzó a codearse con el Rat Pack y el resto de la élite del espectáculo, ya en Hollywood proyectó abrir un restaurante con su amigo James Dean, aunque la muerte del actor hizo que se quedara él solo al frente del proyecto. Ceferino Carrión ya era Jean Leon.

En 1957 abrió el restaurante La Scala, en Beberly Hills, y el lugar se convirtió en referencia de los principales actores, directores y productores de la industria del cine. El hecho de haber servido la última cena de Marilyn Monroe en su apartamento, extendió la leyenda. También se habla de los canelones que viajaron en avión hasta Londres para satisfacer el capricho de Liz Taylor. Jean Leon era una referencia gastronómica en Estados Unidos.

Su interés por el vino le llevó a ampliar sus conocimientos de la mano de enólogos y viticultores de California. Decidió producir el suyo para La Scala, y después de descartar California y Francia –por motivos económicos o sentimentales, según versiones–, compró unos viñedos en el Penedès, y sustituyó las cepas existentes por otras de cavernet sauvignon. También en esto fue pionero.

En 1981, Ronald Reagan elige el vino Jean Leon para el banquete de investidura como presidente. España. Penedès. Imagino que la etiqueta daría la vuelta al mundo. Años después, su cavernet sauvignon fue considerado por la prensa especializada entre los 10 mejores vinos del mundo.

Jean Leon murió en 1996 con otro proyecto en la cabeza, abrir un restaurante en Tailandia. Dedicó los últimos años de su vida a navegar por todo el mundo, pero antes vendió su pago a la familia Torres, quienes mantienen en la actualidad el legado vinícola.

La reciente promoción del vino Jean Leon 3055 llevada a cabo por la hija de Leon, Gigi –quien sigue al frente de La Scala–, ha desempolvado la leyenda. 3055 es el número de licencia de Jean Leon como taxista.

Imagen de Jean Leon, obtenida de http://www.kane3.es/dvd/3055-jean-leon.php, donde se puede acceder a la ficha del documental «3055 Jean Leon», realizado en 1997 por Agustí Vila.