El talento escondido

Negativos de Vivian Maier en mesa de luz. © 2013 Maloof Collection.

Acabo de leer en el diario El País una historia apasionante: John Maloof, de veintitantos años, compra en 2007, en una subasta, un lote de 100.000 negativos fotográficos por 300 euros, con el fin de ampliar la documentación que le ayudase a completar libro que estaba escribiendo.

En un primer momento, Maloof desestima las fotos para el libro, pero comienza a revelar algunos de los negativos y a venderlos en internet.

Algunas de estas imágenes llegan hasta el crítico de fotografía e historiador Allan Sekula, quien se sorprende al ver el material inédito: unas fotografías audaces y transgresoras, que retrataban la vida cotidiana de los años 50, bajo un punto de vista insólito en la época. Pronto el crítico contacta con Maloof, para pedirle que pare la dispersión de las fotos.

Desde entonces, Maloof no ha dejado de estudiar el material, que en un principio desechó.  Se sabe que el autor de las fotos –autora–, es Vivian Maier, quien solo reveló las primeras fotos hechas con su Brownie, ya que con su sueldo de niñera, no se podía permitir el procesado de los carretes.

Sí, Vivian Maier fue niñera durante 40 años, y murió en situación de pobreza, en 2009, a los 83, en una habitación que le pagaban dos hermanos a los que cuidó.

Poco más se sabe de Vivian, ya que Maloof llegó tarde cuando quiso contactar con ella. Hija única, de origen francés, tímida… y con un secreto que escondió bajo llave, cuando pudo disponer de cuarto oscuro en el baño privado de la casa donde cuidaba a los niños, y luego, con el cambio de familia, en un guardamuebles donde quedaron los negativos que se revelan ahora al mundo, y que le hubieran encumbrado entre los clásicos de la fotografía, aunque probablemente a Vivian Maier no le interesara nada más que sus fotos, y los niños que cuidaba.

Si tienes la suerte de estar en Valladolid a partir del 8 de mayo, puedes visitar la exposición de 120 fotografías y ocho películas en Super 8 de Vivian Maier, en la sala de San Benito. Y si no, piérdete por las calles de Chicago o Nueva York, a través de su página web. Impactante. Conmovedora.

Vivian Maier, autorretrato. 1959. © 2013 Maloof Collection.

Actualización 2016: exposición de fotografías de Vivian Maier en Madrid, Fundación Canal (Plaza de Castilla), hasta el 16 de Agosto de 2016. Los lunes a las 14:45h visitas guiadas gratuitas a las 14.45h

Barbacoa bajo el agua

Underwater Cookery. Bruce Mozert

Underwater Cookery. Bruce Mozert

No es una versión de la canción de Deep Purple, sino una de las fotos de Bruce Mozert, pionero de la fotografía subacuática, que comenzó su carrera con las primeras películas de Tarzán (no se si tuvo algo que ver con la famosa escena en la que Johnny Weissmuller lucha cuerpo a cuerpo con un enorme cocodrilo), para posteriormente, en los años 50, trasladarse a Florida con la caja estanca fabricada por él mismo.

El invento le permitiría tanto tomar fotos de pin-ups –entre las que se encontraba su hermana– para ilustrar revistas, como filmar las hélices en movimiento para los anuncios de los motores Mercury. Todo bajo el agua.

Y son estas fotos, las de la Florida pre Disney, entre inocentes y surrealistas, las que le abrieron las puertas para realizar reportajes de diversa índole para Life, National Geographic y productoras cinematográficas como MGM, ABC, CBS.

Parece ser que en los años 50, la principal atracción turística en Florida era observar el lecho fluvial a través del suelo transparente de una barca en Silver Springs. Luego pusieron la primera piedra del castillo de Mickey, y hasta hoy.

Mozert, de 93 años, aún colorea algunas de las fotos que vende en su página web, procedentes de los negativos originales. Detrás de la gracia de las escenas, está el ingenio del fotógrafo que lo inventó todo en esta técnica, las aguas templadas de los Cayos y la apnea de los modelos. Sin cámaras digitales, sin ordenador, sin Photoshop.

Underwater. Bruce Mozert.

Underwater. Bruce Mozert.

Bruce Mozert.

Bruce Mozert.

El rostro de los olivos

En la entrada anterior hablábamos de los paseos de Susanna Bauer, durante los cuales recolectaba objetos que salían a su encuentro, y que ella se encargaba de transformar y relacionar para que pudieran comunicarse con nosotros.

En el caso de esta exposición, El rostro de los olivos, la naturaleza y el (lento) paso del tiempo, han hecho la mayor parte, como ocurre con las cuevas cuando nos regalan mil formas de carbonato cálcico, abiertas a ser interpretadas como si se tratasen de test de Rorschach, aunque haya veces que el hombre transforme estas  cavernas en parques temáticos, y poco se deje a la imaginación del espectador.

Sin embargo, aunque las figuras captadas por las cámaras de los tres fotógrafos parezcan un regalo de los olivos milenarios, pasarían desapercibidas para el paseante poco atento o impaciente, quizá por ello, y por los cientos de años que se toma la naturaleza en dar forma a estos troncos de la sierra de Tramuntana (Mallorca), la exposición de fotografía se enmarca dentro del slow art.

Algo me recuerdan las pocas fotos que he visto de la exposición, al parque de Bomarzo, convertido hoy en otro decadente parque temático, con tienda de regalos incluida. Quizá ambas sean expresiones de sufrimiento. La diferencia es que los monstruos de Italia fueron tallados por encargo, y las figuras captadas por Pere Ferrer (historiador), José Sedano (economista) y Daniel Ferrer (productor) son manifestaciones de lo que duele el viento, el hielo y el sol en los troncos fotografiados.

Si tienes la suerte de estar en Barcelona antes del 22 de febrero, puedes visitar la exposición en la Fundación Setba (Plaça Reial, 10). Y si no, piérdete con tu cámara entre los troncos que tengas más a mano.

Cartel Expo Olivos