Segunda vida para los campos de golf

El impacto del estallido de la burbuja inmobiliaria, no solo afecta a la economía de todo un país. También se aprecia en el paisaje, con urbanizaciones más o menos terminadas, que poco a poco se van transformando en modernas ruinas mayas, invadidas por la vegetación. La demolición, desescombro y recuperación del paisaje es una tarea muy costosa, que legalmente debe correr a cargo del promotor de la obra y, en último extremo, de la administración.

Los campos de golf, cuando se dejan de regar, se convierten en páramos. Sobre todo en zonas poco favorecidas por las precipitaciones, como el Levante peninsular.

Promoción de adosados en El Verger (Alicante), en vías de convertirse en ruina.

Promoción de adosados en El Verger (Alicante), en vías de convertirse en ruina.

Japón también tuvo su propia burbuja de ladrillo, campos de golf incluidos, en un país donde no sobra el terreno llano. Por otra parte, tras el desastre de Fukushima, Japón se propuso doblar la producción de energía limpia para 2030. Y qué mejor forma de aprovechar esos campos de golf abandonados, que cubrirlos de paneles solares.

Los paneles de un solo campo de golf junto a Kioto, instalados por la multinacional Kyocera, producirán energía suficiente para abastecer a 8.100 hogares. Estados Unidos, que también ha vivido el auge y declive de los campos de golf, ya se lo está planteando.

Quizá en estos países no exista un oligopolio energético como en España, o una política que penalice la producción de energías limpias. Porque de ruinas, páramos y sol andamos sobrados.

Ruta por un pueblo encantado de Japón

Fotograma del vídeo de Fritz Schumann, con Ayamo Tsukimi y su alter ego.

Fotograma del vídeo de Fritz Schumann, con Ayamo Tsukimi y su alter ego.

Ayamo Tsukimi volvió a su aldea de la isla japonesa de Shikoku, Nagoro, hace once años. Se encontró con que la aldea pasó de ser habitada por cientos de trabajadores de la fábrica, a tener tan solo 37 vecinos.

Sin muchas distracciones, Ayamo, de 64 años, decidió espantar los cuervos que se comían sus semillas, mediante un espantapájaros con la cara de su padre, de 83 años, con el que vive.

Aquellas semillas no prosperaron, pero el muñeco fue el primero de 350 personajes, que han devuelto la vida al valle, ya que atraen a multitud de turistas.

El fotógrafo alemán residente en Japón, Fritz Schumann, lo ha documentado en un vídeo lleno de magia. La propia autora presenta a los habitantes de trapo: el director de la escuela, el vecino de la bicicleta, el hortelano, el cazador apostado en la copa de un árbol.

Cuando vuelva el coche de Google Maps a fotografiar la ruta, los habitantes de trapo que esperan el autobús, probablemente sean otros, ya que su media de vida es de 3 años.

Las palabras en azul, son enlaces.

Descubrimos a Ayamo Tsukimi en el blog Nometoqueslashelveticas.