Otro códice, aún más interesante: El Codex Seraphinianus

Si leíste la entrada anterior sobre el Códice Voynich, quizá tuviste la curiosidad de bucear en sus páginas, y te quedaste con la sensación de contemplar una obra ejecutada con tal torpeza, que la teoría de que sus autores fueron unos impostores que realizaron la obra a toda prisa, es verosímil.

El códice que le da réplica, es de autor conocido: Luigi Serafini, artista, diseñador y arquitecto italiano, que se lanzó a escribir e ilustrar esta enorme obra de 380 páginas a finales de los años 70 del siglo pasado.

 

Códice Seraphinianus.

Códice Seraphinianus.

En 1981, el Codex Seraphinianus fue publicado nada menos que por la editorial de Franco Maria Ricci, editora también de FMR, «La revista más bella del mundo», que cerró en 2010. Pero esa es otra historia.

A lo largo de sus páginas, el libro trata temas diversos, desde biología hasta nuestra sociedad, en un idioma indescifrable, como en el códice medieval, pero con un sentido del humor, ironía y surrealismo que, apoyado por una ilustración muy cuidada, invitan a la contemplación.

Lo puedes ver aquí. Y comprar la reedición de Rizzoli, 2013 aquí.

Te invitamos a hojear y ojear el manuscrito Voynich, el «libro imposible»

No es un libro para leer. De momento, tendrás que conformarte con disfrutar de sus ilustraciones. Durante siglos, nadie ha sido capaz de descifrar el código de este manuscrito: el Códice Voynich.

Gracias a una prueba de Carbono 14, se sabe que fue escrito en el siglo XV; que según las ilustraciones –un tanto toscas y básicas–, trata sobre botánica, astronomía o astrología; no se sabe en qué idioma está escrito… se asemeja al sánscrito, tamil, incluso al esperanto. Las especies vegetales y constelaciones también son desconocidas.

Lo que sí se sabe, es que sea o no, un texto encriptado, cumple con la Ley de Zipf (lingüista del s. XX) de frecuencia de las palabras en la mayoría de los idiomas: la palabra más utilizada se repite el doble que la segunda, el triple que la tercera, y así sucesivamente. En el s. XV ningún pícaro conocía esta ley.

El nombre de la obra, se debe al librero británico Wilfred Voynich, quien lo halló en 1912 en un monasterio jesuita de Roma, donde permaneció escondido durante siglos, quizá para mantenerlo a salvo de la Inquisición.

Existen múltiples teorías sobre su autor y finalidad: desde un engaño para obtener una cifra desorbitada del emperador Rodolfo II de Absburgo (sobrino de Felipe II y educado por éste, aficionado a la alquimia y astrología), hasta el producto de la imaginación de un Leonardo Da Vinci de 9 años.

Actualmente, el Códice Voynich se encuentra en la Universidad de Yale (EE.UU.), y puedes disfrutar de sus páginas digitalizadas en alta resolución en este enlace.

La editorial burgalesa Siloé, se dispone a clonar 898 ejemplares en los próximos dos años, lo que supone una labor de artesanía que implicará a profesionales del dibujo, pintura, fotografía, encuadernación… hasta 20 gremios.

Página 83 del Códice Voinich (SXV). Universidad de Yale.

Página 83 del Códice Voinich (SXV). Universidad de Yale.