Otro códice, aún más interesante: El Codex Seraphinianus

Si leíste la entrada anterior sobre el Códice Voynich, quizá tuviste la curiosidad de bucear en sus páginas, y te quedaste con la sensación de contemplar una obra ejecutada con tal torpeza, que la teoría de que sus autores fueron unos impostores que realizaron la obra a toda prisa, es verosímil.

El códice que le da réplica, es de autor conocido: Luigi Serafini, artista, diseñador y arquitecto italiano, que se lanzó a escribir e ilustrar esta enorme obra de 380 páginas a finales de los años 70 del siglo pasado.

 

Códice Seraphinianus.

Códice Seraphinianus.

En 1981, el Codex Seraphinianus fue publicado nada menos que por la editorial de Franco Maria Ricci, editora también de FMR, «La revista más bella del mundo», que cerró en 2010. Pero esa es otra historia.

A lo largo de sus páginas, el libro trata temas diversos, desde biología hasta nuestra sociedad, en un idioma indescifrable, como en el códice medieval, pero con un sentido del humor, ironía y surrealismo que, apoyado por una ilustración muy cuidada, invitan a la contemplación.

Lo puedes ver aquí. Y comprar la reedición de Rizzoli, 2013 aquí.

David Hockney, grabador

 

El chico escondido en un pez. David Hockney.

La faceta de grabador no es la más conocida del artista británico, a quien se relaciona más con el color, las polaroids, las piscinas de Los Ángeles, Warhol… el pop-art, o incluso con nuevas técnicas como el iPad.

Hasta el 14 de abril, se puede visitar la exposición de la Fundación Canal (Plaza de Castilla, Madrid), David Hockney, 6 cuentos de los hermanos Grimm. En 2012 se cumplieron 200 años de la primera edición.

El montaje de la exposición me ha parecido que tiene demasiado protagonismo, aunque entiendo que un espacio demasiado aséptico, unido a unas obras cuya técnica no es precisamente un festival de color, podría convertir esta muestra de ilustraciones en algo un poco arduo.

Hockney realizó estos grabados en los años 60, interpretando los cuentos menos conocidos, pasando los textos por su particular filtro, de forma que ninguna ilustración es una obvia representación de los pasajes principales de las historias.

Cada cuadro está comentado por el propio artista, y en ocasiones reflexiona sobre su propia torpeza como dibujante, sus fuentes de inspiración (de Leonardo a Ciudadano Kane), y la técnica, elegida básicamente porque en aquellos años no disponía de dinero suficiente para comprar pintura. Reflexiones que revelan humildad y sentido del humor, como la cita que hace de Picasso: «Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban».

 

Tomar un café y cortar cabezas en la calle de La Palma.

Tentaciones para acompañar el café en Toma Café.

Mañana de invierno en la calle de La Palma, Madrid. Acudimos a ver qué se cuece en el número 76, sede de 198, atraídos por la noticia titulada «Abre la primera tienda de guillotinas de Madrid». Nos tenemos que conformar con ver el escaparate desde la calle, ya que han colgado el cartel de «cerrado». La ya famosa guillotina, que se vende por encargo a 190 euros, protagoniza el espacio interior, y un maniquí con la camiseta de una hipotética selección republicana de fútbol. Huele un poco a merchandising para una revolución: polo por aquí, camiseta por allá… con un cuidado diseño gráfico. Imagino que es un golpe de efecto para promocionar alguna actividad más.

Buscamos el número 49, donde se encuentra el Toma Café, un local para cafeteros que probablemente huyan de los Starbucks y los cafés requemados de algunos bares. Pido un café suave, ya que llevo 2 en el cuerpo. No se si la palabra «suave» ha delatado mi ignorancia cafetera. Me ponen un ristretto, que es un expreso breve, como lo toman los italianos y portugueses. Como profano, me sorprende la acidez y se me queda corto, pero no es cuestión de pedir el cuarto café de la mañana. También me sorprende el precio: 1 euro. El lugar es pequeño y acogedor, y se ve que la bici es la otra pasión de los propietarios.

La tercera y última parada será en un lugar menos republicano que el primero: el Museo ABC de Dibujo e Ilustración, en la calle Amaniel, 29, donde tienen lugar 3 exposiciones: Chillida Ilustrador, donde se muestra de una forma demasiado breve, como el ristretto, su faceta de diseñador gráfico; la dedicada al dibujante Francisco López Rubio, y la exposición Gente Menuda, hasta el 3 de marzo, con ilustraciones de principios del siglo XX del suplemento infantil, algunas exquisitas, ajenas a lo rancio, y que ya merecen la visita.

El museo ocupa la antigua fábrica de Mahou desde 2010, y la rehabilitación me suena a ya vista, pasarela incluida, donde se encuentra la cafetería y restos de una pasada exhibición de dibujantes actuales.

Cafetería del Museo ABC de Dibujo e Ilustración.

El rayo de luna, de Carlos Tauler. 1931.

El Cerdito Sabio, de Carlos Masberger. 1935.