Bicicleta Itera: plástico en una almoneda

Bicicleta Itera de plástico, fabricada por Volvo en los años 80.

Ha llovido mucho desde que el nobel belga Leo Baekeland creara la baquelita, en 1907. Este material sintético una vez endurecido, permanece inalterable al calor, a diferencia de los plásticos desarrollados posteriormente.

Así, ya nos sorprende menos encontrar objetos de este material, el plástico, en tiendas de antigëdades y almonedas, sobre todo dentro de la corriente vintage que nos inunda.

En la presente edición de la feria Almoneda, llama la atención esta bicicleta Itera, convertida en objeto de culto, rodeada por pupitres de madera, botellas de gaseosa, cornucopias y otros objetos.

Nos informan, en el stand donde se expone, que la fabricó Volvo en Suecia, en los 80, íntegramente en plástico, y que fue un gran fracaso comercial. La producción duró tres años, y de las 30.000 unidades fabricadas, gran parte se exportó a países caribeños, donde el clima es el principal aliado del óxido que afecta a las bicicletas tradicionales.

Este hecho, unido a que no existen recambios, ni posibilidad de reparar piezas, hacen de la Itera con sus componentes originales, un objeto raro, de colección, por el que se pagan cantidades a partir de los 1.000 euros ¿Es ya el plástico un material «noble»?

Cerezos en flor en Vall de Gallinera

Cerezos en flor en Vall de Gallinera.

No solo el Valle del Jerte ofrece el espectáculo de la explosión de los cerezos. Durante estos días, el Vall de Gallinera (Marina Alta, Alicante) cubre sus terrazas de cultivo con flores blancas.

En esta época del año, el río Gallinera es simplemente un barranco, aunque el agua está presente a lo largo de todo el valle, como se aprecia en los cultivos, no solo de cerezos, sino de olivos, almendros y otros frutales, y también en las obras hidráulicas que antiguamente abastecían a la población, como fuentes y lavaderos.

La llamada Ruta de los 8 pueblos recorre parte de la vega, mediante un camino que se puede hacer a pie o en bicicleta de paseo, como aseguran en los paneles informativos.

Sorprende que, estando a pocos kilómetros de las aberraciones urbanísticas de turno, estos pueblos conserven el aire que delata su pasado morisco. En breve publicaremos una entrada con la ruta y alguna de las leyendas del valle.

Un español con una vida de cine

Hace un par de días, descubrí en el periódico la vida de Jean Leon, y pensé «qué país tan raro es éste, en el que a los autónomos o trabajadores por cuenta propia se les llama emprendedores, y a los emprendedores se les ignora».

Este señor salió de España como Ceferino Carrión, muy joven, tras perder la casa familiar en el incendio de Santander de 1941 y, poco después, a su padre y hermano mayor, quienes murieron torpedeados por la marina británica, cuando transportaban mercancías rumbo a Alemania durante la II Guerra Mundial.

Después de trabajar un tiempo en Barcelona en la antigua Pegaso, decidió recorrer mundo: primero a pie hasta Francia, y luego como polizón en un barco rumbo a Estados Unidos.

Fue taxista en Nueva York, se alistó en el ejército, trabajó de camarero en un club de Frank Sinatra, comenzó a codearse con el Rat Pack y el resto de la élite del espectáculo, ya en Hollywood proyectó abrir un restaurante con su amigo James Dean, aunque la muerte del actor hizo que se quedara él solo al frente del proyecto. Ceferino Carrión ya era Jean Leon.

En 1957 abrió el restaurante La Scala, en Beberly Hills, y el lugar se convirtió en referencia de los principales actores, directores y productores de la industria del cine. El hecho de haber servido la última cena de Marilyn Monroe en su apartamento, extendió la leyenda. También se habla de los canelones que viajaron en avión hasta Londres para satisfacer el capricho de Liz Taylor. Jean Leon era una referencia gastronómica en Estados Unidos.

Su interés por el vino le llevó a ampliar sus conocimientos de la mano de enólogos y viticultores de California. Decidió producir el suyo para La Scala, y después de descartar California y Francia –por motivos económicos o sentimentales, según versiones–, compró unos viñedos en el Penedès, y sustituyó las cepas existentes por otras de cavernet sauvignon. También en esto fue pionero.

En 1981, Ronald Reagan elige el vino Jean Leon para el banquete de investidura como presidente. España. Penedès. Imagino que la etiqueta daría la vuelta al mundo. Años después, su cavernet sauvignon fue considerado por la prensa especializada entre los 10 mejores vinos del mundo.

Jean Leon murió en 1996 con otro proyecto en la cabeza, abrir un restaurante en Tailandia. Dedicó los últimos años de su vida a navegar por todo el mundo, pero antes vendió su pago a la familia Torres, quienes mantienen en la actualidad el legado vinícola.

La reciente promoción del vino Jean Leon 3055 llevada a cabo por la hija de Leon, Gigi –quien sigue al frente de La Scala–, ha desempolvado la leyenda. 3055 es el número de licencia de Jean Leon como taxista.

Imagen de Jean Leon, obtenida de http://www.kane3.es/dvd/3055-jean-leon.php, donde se puede acceder a la ficha del documental «3055 Jean Leon», realizado en 1997 por Agustí Vila.

Darwin en Pamplona

Para mi, este caso es un ejemplo de cómo desviarse de un camino, una tendencia, un hábito, puede ser la clave para sobrevivir. No sé si esto es una especie de darwinismo empresarial, en el que saldrán adelante los negocios que adopten soluciones audaces ante los problemas, frente a los que sigan la estela de los despidos, los ERE, las reducciones de sueldo, los contratos precarios y demás fórmulas. La extinción.

No digo que este ejemplo se pueda aplicar a todas las empresas con dificultades. Simplemente me ha llamado la atención, que una librería, ante el descenso de ventas, decida ampliar su horario comercial de 9 a 21h. para no despedir a ningún empleado.

Sorprende que no se lamenten ante la competencia de las grandes cadenas, ante la libertad de horarios comerciales, ante las tiendas on line, ante el libro electrónico y el pirateo al que somos tan aficionados.

Los 20 empleados de Librería Gómez, ya no tienen la jornada laboral partida con tres horas para comer, sino una jornada intensiva que ahora les permite dedicarse a otras actividades. Y los clientes se benefician de un horario más amplio para acudir a cualquiera de las cuatro tiendas repartidas por Pamplona.

Jesús Sancha, el gerente, lo contaba brevemente en la Cadena Ser. No todo son bacterias coliformes.

Barbacoa bajo el agua

Underwater Cookery. Bruce Mozert

Underwater Cookery. Bruce Mozert

No es una versión de la canción de Deep Purple, sino una de las fotos de Bruce Mozert, pionero de la fotografía subacuática, que comenzó su carrera con las primeras películas de Tarzán (no se si tuvo algo que ver con la famosa escena en la que Johnny Weissmuller lucha cuerpo a cuerpo con un enorme cocodrilo), para posteriormente, en los años 50, trasladarse a Florida con la caja estanca fabricada por él mismo.

El invento le permitiría tanto tomar fotos de pin-ups –entre las que se encontraba su hermana– para ilustrar revistas, como filmar las hélices en movimiento para los anuncios de los motores Mercury. Todo bajo el agua.

Y son estas fotos, las de la Florida pre Disney, entre inocentes y surrealistas, las que le abrieron las puertas para realizar reportajes de diversa índole para Life, National Geographic y productoras cinematográficas como MGM, ABC, CBS.

Parece ser que en los años 50, la principal atracción turística en Florida era observar el lecho fluvial a través del suelo transparente de una barca en Silver Springs. Luego pusieron la primera piedra del castillo de Mickey, y hasta hoy.

Mozert, de 93 años, aún colorea algunas de las fotos que vende en su página web, procedentes de los negativos originales. Detrás de la gracia de las escenas, está el ingenio del fotógrafo que lo inventó todo en esta técnica, las aguas templadas de los Cayos y la apnea de los modelos. Sin cámaras digitales, sin ordenador, sin Photoshop.

Underwater. Bruce Mozert.

Underwater. Bruce Mozert.

Bruce Mozert.

Bruce Mozert.

David Hockney, grabador

 

El chico escondido en un pez. David Hockney.

La faceta de grabador no es la más conocida del artista británico, a quien se relaciona más con el color, las polaroids, las piscinas de Los Ángeles, Warhol… el pop-art, o incluso con nuevas técnicas como el iPad.

Hasta el 14 de abril, se puede visitar la exposición de la Fundación Canal (Plaza de Castilla, Madrid), David Hockney, 6 cuentos de los hermanos Grimm. En 2012 se cumplieron 200 años de la primera edición.

El montaje de la exposición me ha parecido que tiene demasiado protagonismo, aunque entiendo que un espacio demasiado aséptico, unido a unas obras cuya técnica no es precisamente un festival de color, podría convertir esta muestra de ilustraciones en algo un poco arduo.

Hockney realizó estos grabados en los años 60, interpretando los cuentos menos conocidos, pasando los textos por su particular filtro, de forma que ninguna ilustración es una obvia representación de los pasajes principales de las historias.

Cada cuadro está comentado por el propio artista, y en ocasiones reflexiona sobre su propia torpeza como dibujante, sus fuentes de inspiración (de Leonardo a Ciudadano Kane), y la técnica, elegida básicamente porque en aquellos años no disponía de dinero suficiente para comprar pintura. Reflexiones que revelan humildad y sentido del humor, como la cita que hace de Picasso: «Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban».

 

Proyecto M.O.S.A.W.

Álvaro Neil (Biciclown) en Mongolia, cuando llevaba 6 años de viaje.

Este proyecto no se puede ver ni tocar en exposición o feria alguna, pero creo que es una de esas historias inspiradoras, que debería ser «de cabecera».

Biciclown es Álvaro Neil, aquel asturiano que, a lomos de su bicicleta, dejó su trabajo de oficial en una notaría de Madrid, su familia, sus amigos y su país, para repartir sonrisas por todo el mundo entre los más desfavorecidos. De ahí el nombre del proyecto MOSAW (Miles Of Smiles Around the World).

De las 3.000 noches que lleva fuera de casa, la mayoría las pasa dentro de su tienda de campaña, a ser posible cerca de algún río, y en algunas ocasiones acepta la hospitalidad de quien le ofrece un techo. Sus actuaciones como clown están dedicadas a los que más necesitan reír, pero no pasa la gorra para costearse la manutención, ya que, para cubrir su escueto presupuesto, escribe y vende libros, realiza documentales, cuenta con el patrocinio de algunas empresas relacionadas con el ciclismo, y con aportaciones de particulares, como aquella persona anónima que menciona en su web, que se borró del Canal Plus para realizar su aportación mensual.

«Estoy aquí porque comprendí que el cementerio está lleno de soñadores. Yo no quiero acompañarles. Quiero que la muerte me pille con la cartera vacía y el corazón lleno de paisajes y sonrisas. Ni tengo pensión de jubilación ni me preocupa que la hayan retrasado hasta los 67 años. Alguien dijo que no se vuela porque se tengan alas sino que las alas crecen porque se ha volado. Yo añadiría que hay que volar sin importar si tienes alas.» Álvaro Neil.

Flecha

Detalle de la exposición de PitarqueRobots en Flecha.

No soy muy amigo de los centros comerciales, pero entiendo que cuando constructores y gobernantes se ponen de acuerdo para levantar urbanizaciones sin locales, a muchas familias no les quede más remedio que arrastrar los pies por alguno de esos suelos pulidos como espejos.

El Centro Comercial Arturo Soria Plaza (Ciudad Lineal, Madrid) lleva en pie desde finales de los 80, cuando los diseños de estas construcciones no padecían la elefantiasis actual, y, como consecuencia, se puede recorrer entero sin que sea una tortura.

Los comerciantes del centro se unieron hace más de 20 años en una iniciativa llamada Flecha, que no es otra cosa que una modesta réplica a la feria Arco, en Ifema, donde coinciden 200 galerías y la entrada más económica cuesta 30 euros.

En este caso, la asistencia por parte de los artistas que exponen y del público, es gratuita. No hay subvención ni ayuda pública alguna, y para participar como expositor se debe superar una selección que se realiza en otoño, y como la organización explica, «los artistas solo deben seducirnos con su trabajo en un dossier fotográfico».

La exposición abarca todas las artes plásticas, y las propuestas vienen tanto de artistas consagrados como Ouka Leele, como de otros que, de no ser por iniciativas de este tipo, no tendrían acceso al gran público.

Anoche fotografié parte del montaje de PitarqueRobots, previo a la apertura de la feria, que será el jueves 7 de febrero, y también pude ver algo de las esculturas de cristal vecinas, realmente interesantes.

Espacio La Fault

Jardín-bosque de Valerio Miragoli.

La entrada, el jardín, el patio, la biblioteca, el bar, la cocina… todas las estancias de cualquier casa señorial que se precie, han sido recreadas por diferentes decoradores, interioristas y paisajistas en una nave, que en realidad es el taller de los diseñadores y fabricantes de muebles La Fault (Londres, 58, Madrid). Como en Casa Decor, pero más concentrado, sin tanta pompa y, además, entrada libre.

Merece la pena que nos acompañen para desvelarnos tantos detalles y alguna que otra sorpresa durante el recorrido, para explicarnos la intención de cada instalación, la procedencia de aquellas flores de lis corpóreas que traman una pared, o cómo consiguen el acabado de chapa industrial oxidada en la tapa de madera de una mesa.

Además, se puede reservar 24 horas antes como restaurante y lugar de eventos (91 828 77 59 y 667 417 435), ya que cuentan con una empresa de catering que se encarga de la preparación de la cena, o lo que sea oportuno.

Solo hay una pega, y es que como en Casa Decor, la instalación tiene fecha de caducidad: 31 de enero. Después se desmantela, se valoran los objetos expuestos y se liquidan. Y volverá la actividad cotidiana al taller. Así sea.

Galería Botánica en Espacio La Fault.

El rostro de los olivos

En la entrada anterior hablábamos de los paseos de Susanna Bauer, durante los cuales recolectaba objetos que salían a su encuentro, y que ella se encargaba de transformar y relacionar para que pudieran comunicarse con nosotros.

En el caso de esta exposición, El rostro de los olivos, la naturaleza y el (lento) paso del tiempo, han hecho la mayor parte, como ocurre con las cuevas cuando nos regalan mil formas de carbonato cálcico, abiertas a ser interpretadas como si se tratasen de test de Rorschach, aunque haya veces que el hombre transforme estas  cavernas en parques temáticos, y poco se deje a la imaginación del espectador.

Sin embargo, aunque las figuras captadas por las cámaras de los tres fotógrafos parezcan un regalo de los olivos milenarios, pasarían desapercibidas para el paseante poco atento o impaciente, quizá por ello, y por los cientos de años que se toma la naturaleza en dar forma a estos troncos de la sierra de Tramuntana (Mallorca), la exposición de fotografía se enmarca dentro del slow art.

Algo me recuerdan las pocas fotos que he visto de la exposición, al parque de Bomarzo, convertido hoy en otro decadente parque temático, con tienda de regalos incluida. Quizá ambas sean expresiones de sufrimiento. La diferencia es que los monstruos de Italia fueron tallados por encargo, y las figuras captadas por Pere Ferrer (historiador), José Sedano (economista) y Daniel Ferrer (productor) son manifestaciones de lo que duele el viento, el hielo y el sol en los troncos fotografiados.

Si tienes la suerte de estar en Barcelona antes del 22 de febrero, puedes visitar la exposición en la Fundación Setba (Plaça Reial, 10). Y si no, piérdete con tu cámara entre los troncos que tengas más a mano.

Cartel Expo Olivos